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DIETA MEDITERRANEA

La dieta mediterránea es no solo un patrón alimentario, sino también un estilo de vida. Cuando hablamos de dieta mediterránea no estamos hablando de una dieta de adelgazamiento, en absoluto, estamos hablando de una manera de alimentarnos.

Es nuestra herencia cultural, que a partir de la sencillez y variedad ha dado lugar a una combinación completa y equilibrada de los alimentos, basada en productos frescos, locales y de temporada en la medida de lo posible.

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La  dieta Mediterránea ha sido transmitida de generación en generación desde hace siglos, y está vinculada al estilo de vida de los pueblos mediterráneos a lo largo de su historia. Hay que decir que ha evolucionado, ya que ha incorporado nuevo alimentos técnicas.

Historia de la dieta mediterránea:

Las primeras referencias científicas que existieron respecto a la dieta mediterránea fueron en el año 1948 cuando Leland G. Allbaugh estudió el modo de vida de los habitantes de la isla de Creta e hizo comparaciones con la de Grecia y EE UU. También un fisiólogo norteamericano, Ancel Keys, realizó un estudio sobre las enfermedades coronarias, el colesterol de la sangre y el estilo de vida de Italia, Yugoslavia, Grecia, Holanda, Finlandia, EE UU y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Este investigador y su equipo observaron que la incidencia de las enfermedades coronarias era mucho menor en las zonas rurales del sur de Europa y en Japón, sospechando que había un factor protector en el estilo de vida, que etiquetaron como “manera mediterránea” (mediterranean way). Describieron este estilo de vida como “muy activo físicamente, y con una ingestión predominante de productos vegetales y reducida en productos de origen animal”. La posterior difusión de sus resultados asimiló el concepto de “estilo mediterráneo” con el de “dieta mediterránea”.

La dieta mediterránea se caracteriza por:

–          Abundancia en el consumo de pan, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos

–          Empleo de aceite de oliva como principal grasa

–          Consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral productos lácteos y huevos

–          Consumo en pequeñas cantidades de carnes rojas

–          Consumo moderado de vino en las comidas

La importancia de la Dieta Mediterránea en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuados. A los beneficios de su reducido contenido en ácidos grasos saturados y elevados en monoinsaturados, asi como hidratos de carbono complejos y fibra, hay que incorporar los derivados de su riqueza en antioxidantes.

Puntos básicos para llevar a cabo la Dieta Mediterránea

–          Emplear aceite de oliva como principal grasa: es el aceite más usado en la cocina mediterránea. Es rico en vitamina E, beta-caroténos y ácidos grasos monoinsaturados, que le aportan propiedades cardioprotectores.

–          Pan y alimentos procedentes de los cereales (arroz, pastas, productos integrales), deben forman parte de nuestra alimentación diaria: estos alimentos son indispensables debido a su aporte en hidratos de carbono, son los que nos proporcionan la energía necesaria de nuestro día a día.

–          Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia (frutas, verduras, frutos secos, legumbres): la principal fuente de minerales, vitaminas y fibra serán las verduras, hortalizas y frutas, además de la cantidad de agua que también nos aportan. Lo ideal serían un consumo de 5 raciones de frutas y verduras al día.

Estos productos son ricos en antioxidantes y fibra, por lo que contribuyen a prevenir enfermedades cardiovasculares y cáncer.

–          Consumir a diario productos lácteos, especialmente queso y yogurt: nos van a aportar el calcio necesario que requiere nuestro organismo y además, vitaminas liposolubles.

–          Consumir alimentos frescos y de temporada: especialmente en el caso de las frutas y verduras, ya que nos aportan tanto nutrientes como su aroma y sabor característico.

–          La carne roja se tendría que consumir con moderación y si puede ser como parte de guisos y otras recetas. Respecto a las carnes procesadas, se deberán consumir en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos y platos. Las carnes tienen proteínas, hierro y grasa animal en cantidades variables. El consumo excesivo de grasas animales no es bueno para la salud. Por lo cual, se recomienda el consumo de cantidades pequeñas, preferentemente carnes magras, y formando parte de platos a base de verduras y cereales.

–          Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación: debemos de consumir, como mínimo, de una a dos veces a la semana pescado azul, ya que su grasa de origen vegetal tiene propiedades protectores frente a enfermedades cardiovasculares.

Los huevos tienen proteínas de gran calidad y muchas vitaminas y minerales.

De tres a cuatro huevos a la semana es una buena alternativa al pescado y carne.

–          El postre de las comidas debería ser la fruta fresca. Los pasteles o dulces, solo  deberían consumirse de manera excepcional: las frutas son alimentos ricos en vitaminas, que aportarán color y sabor a nuestros alimentos diaria.

–          El agua es la bebida por excelencia en el Mediterráneo. El vino deberá tomarse con moderación y durante las comidas: el agua es fundamental en nuestra dieta. Es un alimento tradicional en la dieta mediterránea que puede tener efectos beneficiosos para la salud.

–          Realizar actividad física todos los días, ya que es tan importante como comer adecuadamente: mantenerse activo y hacer ejercicio es muy importante para estar bien.

 

Pirámide de la Dieta Mediterránea

 

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Beneficios de la Dieta Mediterránea

La Dieta Mediterránea es la dieta más sana que existe, seguirla nos ayudará a estar completamente sanos. Este patrón de vida es muy recomendable ya que nos proporciona una dieta apetitosa y adaptada a nuestras costumbres.

Con frecuencia, se demuestra que una alimentación basada en frutas, verduras, cereales, lácteos y pescados, suplementada con aceite y oliva y frutos secos, es un factor de prevención contra muchas enfermedades crónicas, como son la obesidad, la diabetes, enfermedades cardiovasculares o algunos tipos de cáncer.

Por ejemplo, incorporar a nuestra alimentación diaria las nueces, puede disminuir a largo plaza hasta un 50% del riesgo de infarto de miocardio. Esta dieta disminuye la presión arterial, los niveles de lípidos y glucosa en sangre, y la inflamación, además de influir de forma beneficiosa en todos los factores de riesgo que intervienen en las enfermedades del corazón.

También hay que decir que, la tasa de población española con sobrepeso y la obesidad infantil, frecuentemente es consecuencia del abandono de los hábitos alimentarios saludables de la Dieta Mediterránea

La Dieta Mediterránea:

–          Refuerza el sistema inmune: mantiene un equilibrio de los mecanismos de defensa del individuo y  reduce las reacciones inflamatorias.

–          Propiedades digestivas: la fibra de cereales, leguminosas, verduras y frutas previene el estreñimiento y la enfermedad diverticular.

–          Tiene propiedades antioxidantes: aumenta los niveles de vitamina C, E, betacarotenos, polifenoles y otros antioxidantes.

–          Reduce el colesterol total y el colesterol LDL, el “malo” y  eleva el colesterol HDL, el “bueno”.

–          Protección frente a cardiopatías: el aporte de aceite de oliva y los frutos secos se asocia a un efecto cardioprotector. La dieta mediterránea reduce entre un 40 y un 50% los factores del riesgo cardiovascular a los tres meses de seguimiento.

–           Disminuye los niveles de presión arterial: el aporte moderado de sodio y el aporte abundante de potasio y fibra, ayudan a reducir la presión arterial.

Los españoles y la dieta mediterránea

Actualmente, los españoles han dejado un poco de  lado la dieta mediterránea. Expertos señalan que actualmente es cinco veces más cara que el modo de alimentación americano.

Paradójicamente, aunque el 60% de la superficie de España se dedica al cultivo de alimentos típicos mediterráneos y a que éstos se perciban como frescos y saludables, al hacer la compra se opta por comidas que se elaboran en el menor tiempo posible, presentan más grasas e incorporan pocos ingredientes.

Actualmente, la dieta mediterránea está sufriendo un alejamiento por parte de Grecia, Turquía y España. Otro extremo que se debe señalar es que Irán es el que más se asemeja a la dieta mediterránea, según los expertos.

Pero, sacando el lado bueno, los españoles son los que cada vez más consumen aceite de oliva virgen, mientras que los frutos secos y legumbres empiezan a recuperar su lugar.

Sin embargo, las frutas y verduras se consumen mucho menos, y esto no es lo ideal.

Además de todo esto, se consumen muchas proteínas y grasas, más de las que se necesitan, y el  consumo de carbohidratos es menor.

Por lo que vemos, los españoles nos hemos alejado bastante de la dieta mediterránea, ya que la dieta anglosajona es más predominante.

Siendo bastante generosos, se podría decir que solo un 50% de los españoles mantienen vínculos con la dieta mediterránea y, siendo estrictos, solo un 15% de la población española se mantiene fiel a lo que es la dieta mediterránea tradicional y perfecta.

DIETAS MILAGRO

Las “dietas milagro”  son aquellas dietas que captan nuestra atención de manera fascinante debido a la llamativa promesa de perder peso sin que tengas que realizar un durísimo esfuerzo.  Son dietas que inducen a una restricción calórica muy severa, que dan lugar a situaciones de carencia que las hacen insostenibles en el tiempo y potencialmente peligrosas para nuestra salud.

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Cuando nosotros nos queremos poner a dieta, cuando queremos perder peso de manera saludable, nos tenemos que poner en manos de profesionales y expertos y, estas famosas “dietas milagro” están prescritas por personas que no poseen conocimientos científicos y tampoco profesionales relacionados con la nutrición.

Estas dietas se basan en una restricción muy elevada de la energía, en una disminución muy fuerte de las calorías aportadas en nuestra dieta, por lo cual nos puede llevar a que tengamos deficiencias en micronutrientes (vitaminas y minerales), alteraciones en nuestro metabolismo y, una monotonía alimentaria que se hace bastante dura y poco llevadera.

Cuando nosotros no consumidos un mínimo de calorías, un mínimo de energía, van a ocurrir una serie de procesos en nuestro organismos y entre ellos está la destrucción de proteínas corporales, como una fuente de energía, por lo que esto lo que provocara es que se produzca una diminución de la masa muscular y la aparición de sustancias que son peligrosas para nuestro organismo.

En las primeras semanas se producirá una pérdida de peso pero, esta pérdida de peso se debe a que el tejido muscular es rico en agua, por lo que en una primera fase se elimina mucho líquido. A veces, esto se refuerza debido al consumo de fármacos que van a a promover la excreción de orina, por lo que la pérdida de peso es aún más pronunciada.

También debemos de mencionar el típico efecto “yo-yo” que tienen estas dietas. Este efecto “yo-yo” se refiere a la tendencia en la recuperación del peso que se ha perdido y esto se produce porque con los ayunos se van a poner en marcha tanto mecanismos nerviosos como hormonales que se van a oponer a la pérdida del peso(mayor rendimiento del metabolismo corporal, mayor ahorro energético y un incremento del apetito).

Estos mecanismos llevan a que se produzca una rápida recuperación del peso perdido en cuanto se vuelven a los hábitos alimenticios normales. Esta recuperación del peso perdido se debe a que se produce una formación del tejido graso.

Riesgos

Riesgos para la salud de las “dietas milagro”

Déficit nutricionales: proteínas, vitaminas, minerales

Efectos psicológicos negativos

Conllevan a TCA (Trastornos del comportamiento alimenticio: Anorexia, Bulimina…)

Efecto “yo-yo”

Al finalizar la dieta, las personas no han aprendido la manera a comer saludablemente ni a adquirir buenos hábitos alimentarios

Aspectos generales:

Este tipo de dieta va a tener una serie de características en común:

–          Dietas prescrita por personas ajenas al campo de la nutrición y dietética.

–          Descritas de manera muy imprecisa.

–          Elevadas promesas de pérdida de peso.

–          Eficiencia no comprobada científicamente.

–          Sin fundamentos dietéticos.

Algunas de estas dietas tienen toques exóticos,  otras cómicos, pero la mayoría tienen un denominador común, y es que a la larga son peligrosas y no solo consiguen cambiar los hábitos, sino que acentúan los errores.

Además, estas dietas suelen aparecer en épocas del año en que la presión social sobre la imagen corporal se acentúa, como en verano.

Como venimos apuntando, estas dietas no son efectivas en la pérdida y mantenimiento del peso de peso, y existe la probabilidad de poner en riesgo la salud de las personas que la siguen. Por lo que es muy importante identificar este tipo de dietas y conocer el peligro de llevarlas a cabo.

¿Cómo podemos reconocer  una “dieta milagro”?

Vamos a poder detectar si estamos ante este tipo de dietas si…

–          Nos prometen y aseguran que vamos a perder al mes como mínimo 5 kg.

–          Se realizan sin ningún tipo de esfuerzo y fácilmente.

–          Se anuncian como totalmente seguras y sin riesgo alguno sobre la salud de las personas.

 

Clasificación  y tipos de las “dietas milagro”

–          Dietas hipocalóricas desequilibradas: en estas se incluyen la dieta de la Clínica Mayo, Dieta “toma la mitad”, Dieta Gourmet, Dieta Cero.

  • Estas dietas provocan un gran efecto rebote. Se produce una rápida ganancia de peso (aumentando la masa grasa y perdiendo masa muscular). Esto se produce porque el metabolismo se adapta a la reducción drástica del consumo de energía mediante una reducción del gasto energético.
  • Estas dietas son muy  monótonas y producen déficits nutricionales, sobre todo si se prolongan por largos períodos de tiempo.

–          Dietas disociativas: Dieta de Hay o Disociada, Régimen de Shelton, Dieta Hollywood, Dieta de Montignac, Antidieta, etc.

  • Esta dieta se basa en que los alimentos no producen un incremento del  peso por sí mismos, sino combinarse con otros alimentos.
  • Con esta dieta pretenden impedir el aprovechamiento de los alimentos como fuente de energía con la disociación.
  • Esta teoría no tiene ningún tipo de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo se deben a un menor consumo de energía. Además, este tipo de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas o hidratos de carbono.

–          Dietas excluyentes: se basan en eliminar de la dieta algún nutriente. Estas dietas pueden ser:

  • Ricas en hidratos de carbono y sin lípidos y proteínas:
    • Dieta Dr. Prittikin
    • Dieta del Dr. Haas;
  • Ricas en proteínas y sin hidratos de carbono:
    • Dieta de Scardale
    • Dieta de los Astronautas
    • Dieta de Hollywood
    • Dieta de la Proteína Líquida.
    • Producen una sobrecarga renal y hepática muy importante
  • Ricas en grasa:
    • Dieta de Atkins
    • Dieta de Lutz.
    • Son muy peligrosas para la salud, produciendo graves alteraciones en el metabolismo.

Dieta de la Sopa

Esta dieta consiste en comer sopa a diario y la cantidad que nosotros queremos, ya que no aporta casi calorías.

Estas sopas deben de contener:

–          6 cebollas

–          2 ramilletes de apio

–          1 repollo o col

–          0,5 kilos de tomates

–          2 pimientos verdes

–          Un cubito de caldo

–          Sal

–          Pimienta

–          10 litros de agua para hervir todo

También se podrán consumir:

–          Arroz integral

–          Frutas

–          Verduras

–          Algo de carne de vacuno

–          Leche desnatada

–          Té sin azúcar

–          Café

Los alimentos no mencionados estarán prohibidos.

Es una dieta deficitaria en casi todos los principios inmediatos, por lo cual conllevará a que:

–          No se aportaren niveles suficientes de: aminoácidos y ácidos grasos esenciales, calcio, hierro y vitaminas A, D, E y K:

  • Déficit de proteínas
  • Déficit de minerales
  • Déficit de vitaminas

Con esta dieta se adelgazará a expensas de perder líquidos, electrolitos, reservas de proteínas y en un menor porcentaje grasa, que es lo que realmente interesa perder.

Dieta Disociada de Hay

Esta  “dieta milagro” produjo un grandísimo impacto en todo el mundo.

Se fundamente en que los alimentos no influyen en el incremento de peso solo, sino combinándolos con otros. No restringe el consumo de alimentos calóricos pero impide su aprovechamiento como fuente de energía con la disociación durante la digestión en el estómago.

Esta dieta no dice que los carbohidratos no se deberán ingerir de manera conjunta con las proteínas porque las proteínas se digieren en medio ácido y los carbohidratos en alcalinos. Esto es un poco  ilógico por el sencillo motivo de que no hay alimentos que únicamente tengan solo proteínas o carbohidratos.

 

En esta dieta se admite el consumo de:

–          Alimentos grasos

–          Aceites

–          Vísceras

–          Huevos

–          Pescados

–          Mariscos

–          Carnes

–          Quesos

–          Embutidos

–          Café

–          Alcohol (a veces)

 

En esta dieta está prohibido ingerir:

–          Pan

–          Cereales

–          Arroz

–          Féculas

–          Dulces

–          Azúcar

–          Verduras

–          Frutas

–          Leche

–          Legumbres

–          Etc.

 

Esta dieta no tiene ningún tipo de fundamento científico. Conlleva  fundamentalmente a una bajada progresiva de la motivación para ingerir alimentos.

Los resultados obtenidos solo vendrán relacionados a un menor consumo de energía.

Dieta Montignac

Esta dieta se fundamenta en el índice glucémico de los alimentos que se toman, más que en su contenido calórico (energético), que no se considera  clave. Es decir que la elección de los alimentos al establecer un régimen de adelgazamiento se condiciona por su contenido en glúcidos (azucares) ya que un exceso de estas sustancias impediría al páncreas procesarlas y, por tanto, nos provocaría un aumento de peso.

Esta dieta clasifica los alimentos en “buenos y malos”:

–          Los buenos: son los que  producen una liberación pobre de glucosa en sangre, entre ellos se recomiendan:

  • Pan integral,
  • Verduras
  • Fruta fresca
  • Soja,
  • Cacahuetes
  • Mermelada sin  azúcar
  • Legumbres, los lácteos
  • Zumo natural
  • Cereales integrales
  • Guisantes

–          Los malos: son los que producen aumento de glucosa:

  • Dulces y la bollería
  • Pan blanco
  • Harinas y cereales refinados
  • Patatas
  • Miel
  • Maíz y la maltosa (presente en la cerveza)

Esta dieta puede ocasionar ciertos efectos secundarios como:

–          Excesiva rapidez en la pérdida de peso

–          Déficit de minerales, vitaminas y fibra

–          Incremento del ácido úrico

–          Incremento del colesterol

–          Mal sabor de boca.

–          Descalcificación ósea

–          Daños renales por exceso de nitrógeno

–          Fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono

Dieta de la Clínica Mayo

La dieta de la Clínica Mayo fue muy famosa durante muchos años y a pesar  del nombre referente a la Clínica Mayo, esta institución no se identifica con este régimen dietético.

Esta dieta se basa en:

–          Los huevos son el alimento base, se podrían consumir entre 4-6 huevos al día.

–          También se consumen:

  • Pescados
  • Aves
  • Carnes
  • Verduras
  • Frutas
  • Frutos secos
  • Productos integrales.
  • Té y el café son las únicas bebidas autorizadas

Esta dieta excluye los productos lácteos de la alimentación, lo que reduce de manera importante la ingestión de calcio.

Seguir este plan provocará un efecto rebote, caracterizado por una rápida ganancia de peso, que se traduce en un aumento de masa grasa y pérdida de masa muscular. El metabolismo se adapta a la reducción drástica de la ingestión de energía mediante una reducción del gasto energético. Cuando se aportan pocas calorías, el riesgo para la salud es grande, ya que la grasa se quema muy rápido y pueden producirse cuadros de acidosis y cetosis.

Es una dieta muy difícil de seguir, las personas que la empieza al poco tiempo acaban dejándola; si se prolongará mucho se presentarán numerosos déficits nutricionales.

La exclusión de leche y productos lácteos (queso, yogures, etc.) determina deficiencias de calcio y eleva el riesgo de osteoporosis e hipertensión.

Además, el contenido proteico de esta dieta es superior al doble de lo recomendado (entre un 10-15% de la energía que aporta la dieta debe proceder de las proteínas, debiendo combinarse proteínas de origen animal y vegetal), lo que puede suponer, además de una sobrecarga renal, una ingestión insuficiente de otros nutrientes esenciales.

Dieta Atkins

La dieta Atkins es una dieta muy popular en todo el mundo.

Esta dieta nos asegura una disminución del peso muy pronto, permite comer lo que otras muchas dietas prohíben y desecha alimentos  como verduras y leguminosas. El truco consiste en consumir grandes cantidades de proteínas y un mínimo de carbohidratos para adelgazar.

La dieta Atkins se basa en:

–          Consumo casi exclusivo (90%) de proteínas procedentes de :

  • Carnes rojas
  • Embutidos
  • Quesos
  • Huevos
  • Mariscos
  • Mantequillas
  • Margarinas
  • Aceites
  • Mayonesas
  • Mantecas
  • Cremas de leche
  • Yogur entero

–          Consumo de una mínima cantidad de carbohidratos (10%) extraídos de:

  • Verduras
  • Frutas

–          Prohibido consumir alimentos  como:

  • Pastas
  • Harinas
  • Arroz
  • Pan
  • Bollería
  • Legumbres
  • Azúcar
  • Bebidas alcohólicas
  • Leche.

En esta dieta se culpa a la hormona insulina del aumento de peso.

El consumo de azúcar o de cualquier hidrato de carbono hace que se estimule la insulina,  por lo que, según esta dieta, el azúcar es el alimento más peligroso. Sin embargo si se consume grasa se estimula la secreción de acetona, suprimiendo la sensación de hambre.

Cuando el organismo no dispone de este nutriente para obtener energía comienza a  quemar las grasas por una ruta metabólica particular, produciendo los llamados  cuerpos cetónicos, que se utilizarán como fuente energética a falta de hidratos de carbono. El resultado es el incremento en sangre de cuerpos cetónicos y sus productos de desecho, entre ellos la acetona.

Este tipo de dieta produce:

–          Falta de apetito

–          Halitosis o acetona en el aliento

–          Estreñimiento

–          Aumento del colesterol sanguíneo

–          Aumento de los niveles de ácido úrico

–          Riesgo cardiovascular

Dieta del Grupo Sanguíneo

Este tipo de dieta se fundamente en la existencia de una alimentación para cada tipo de sangre (A, B, AB y O), sin considerar el factor Rh negativo o positivo. Cada grupo sanguíneo está más predispuesto a ciertas enfermedades más que los otros, pudiendo compensarse estas tendencias con la alimentación y tratamientos antiestrés adecuados a cada grupo sanguíneo.

Esta dieta nos proporcionará los alimentos que disminuyen o aumentan el peso, de acuerdo con una evaluación histórica de cada tipo sanguíneo. Por ejemplo, el sistema digestivo de los individuos del grupo O está adaptado a una dieta rica en proteínas animales y a los vegetales (frutos del mar, espinacas, etc); legumbres, verduras y cereales serían indicados para aquellos del grupo A, y las carnes para el grupo B; el grupo AB sería una mezcla de los A y B, especialmente con los lácteos.

Este tipo de dieta no es una dieta equilibrada y tampoco hay una relación científicamente comprobada entre el tipo de sangre de cada individuo y la utilización de tejido graso.

La exclusión de diferentes alimentos en nuestra alimentación se asocia a sensación de hambre y sufrimiento, y provoca una perdida de masa libre de grasa en vez de masa grasa.

Estas dietas pueden provocar que las personas que la realizan se obsesiones con respecto a los alimentos que se encuentro o no en su grupo y pueden dejar de comer por el miedo de desarrollar enfermedades de las que se avisa en su dieta.

Dieta de la Luna

Esta dieta se basa en una  teoría que dice que las diferentes fases de la luna influyen en el “ritmo corporal interno” siguiendo la misma pauta que los mares y los océanos. Supuestamente, uno de los factores que influye especialmente en la pérdida de peso es la capacidad de nuestro organismo de absorber agua y esto está ligado a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los líquidos, y en mayor medida cuando la luna cambia de fase.

Según esta dieta, la bajada de kilos es para siempre,  no se volverán a recuperar.

Consiste en:

–          Ayuno total durante uno o tres días completos, en función de la modalidad, pero este ayuno ha de coincidir exactamente con el cambio de fase lunar.

  • No se podrá consumir ingerirse ningún alimento, a excepción de líquidos sin azúcar.
  • Tras realizar el ayuno se llega a una pérdida de peso de hasta 3 Kg que luego no se recuperan, según la teoría.

Esto que acabamos de exponer, la presunta pérdida de peso corporal según la fase de la luna, no tiene ninguna base científica. El ayuno total puede originar una pérdida de peso a corto plazo que no se mantiene si no se toman medidas encaminadas a los  estilos de vida saludables. La práctica del ayuno completo, no es un buen  método para disminuir de peso, porque origina desequilibrios metabólicos muy peligrosos.

La pérdida de peso se debe conseguir con una dieta equilibrada en nutrientes y su  distribución en el día, además de la práctica de ejercicio físico de manera frecuente.

Impacto de las dietas Hiperproteicas

Año tras  año salen a la vente numerosos productos dietéticos que, en teoría, ayudan a perder peso, aunque en la mayoría de los casos no tienen un respaldo científico demostrado respecto a su eficacia y su seguridad, que sustente los mensajes publicitarios y el marketing que los envuelve. Con las nuevas dietas que se conocen periódicamente sucede algo similar: ponen en riesgo la salud de la persona que las sigue. Una  de las dietas que se ha puesto de moda en los últimos tiempos ha sido la famosa dieta hiperproteica (la cual todos conocemos).

Este tipo de dietas pone en riesgo la salud de las personas que la siguen. Esta dieta hiperproteica es considerada como un método mágico, una de las tantas “dieta milagro” que existen.

Las personas, cuando quieren perder peso, deben hacer dieta y ejercicio, ser tenaces y seguir unas normas básicas que son descritas por la ciencia. Lo que resulta más difícil en la realización de las dietas es cambiar la conducta de las personas, sobre todo cuando el ambiente que le rodea no es del todo favorable (comidas de negocio, propia gastronomía, sedentarismo a causa del trabajo, etc.).

Perder peso, no lo vamos a negar, es un esfuerzo, tanto económico y de mantenimiento en el tiempo. Hay que esforzarse, ser constantes y cambiar los malos hábitos. Lo más complicado de todo esto es aprender un cuales son los estilos de vida que mas con convienen.

Cuando queremos ponernos a dieta, muchas personas buscan en internet diferentes tipos de dietas y métodos, la mayoría sin evidencia científica. Las más popular en los últimos tiempos ha sido la dieta hiperproteica, encima con autor médico francés. Este método no tiene ningún respaldo científico que lo apoye, aunque lo peor de todo es que tampoco hay datos sobre su seguridad, por lo cual, no se ha estudiado si puede ser causar algún daño para la salud a corto o largo plazo.

Estas dietas consisten en consumir principalmente alimentos ricos en proteínas, y una baja cantidad de hidratos de carbono.

El problema fundamental de esta práctica no es ya su eficacia, sino que resulta muy perjudicial para la salud de las personas, sobre todo si se hace durante mucho tiempo. Existes estudios que de demostraron que seguir dietas hiperproteicas y pobres en hidratos de carbono de forma prolongada está asociado a una mayor mortalidad.

Consecuencias para la salud

Las dietas con escaso aporte de carbohidratos producen una situación de cetogénesis parecida al que se produce en ayunos prolongados. Este estado metabólico produce una rápida pérdida de peso producida por la movilización de grasas con la intención de obtener energía. No obstante, la cetosis conlleva una serie de efectos secundarios:

–          Pérdida de apetito

–          Nauseas

–          Halitosis

–          Cefalea

–          Mareos

–          Insomnio

Un consumo elevado de proteicas provocará:

–          Estreñimiento: uno de los problemas más frecuentes. Para evitarlo es importante consumir fibra y beber mucho líquido. El aporte de líquidos es muy importante para minimizar la sobrecarga que tiene el riñón, ya que los productos derivados del metabolismo proteico se eliminan por vía renal. Esta es la causa por la que este tipo de dietas no es recomendable para enfermos renales o  con problemas hepáticos.

–          Aumento del ácido úrico: producido por el catabolismo de las proteínas.

–          Ataques de gota

–          Problemas de cálculos renales

–          Déficit nutricional: en estas dietas es importante que seamos conscientes de no solo lo que se come, sino lo que se deja de comer. Estas dietas conllevaran a déficit de vitaminas y minerales.

–          Graves problemas nutricionales en embarazadas

¿Cuáles son los dos órganos más afectados por este tipo de dietas?

El hígado y el riñón son los dos órganos que resultan más afectados por este tipo de dietas.

Esto es debido a que el hígado debe metabolizar las proteínas que estamos consumiendo a lo largo de todo el día, mientras que a través del riñón se eliminan los productos resultantes de dicho metabolismo,  que recargan las funciones de este órgano.

Seguir esta dieta es extremadamente peligroso en las personas que tienen una enfermedad hepática crónica, porque pueden sufrir un coma hepático por la gran cantidad de proteínas que ingieren. Igualmente para  quienes padecen insuficiencia renal, ya que la sobrecarga de proteínas que se genera con este tipo de alimentación, puede agravar una insuficiencia renal que a veces es asintomática.

Cuando una persona realiza durante mucho tiempo  estas dietas se produce una alteración de un mecanismo de absorción intestinal de calcio, hecho que acelera el proceso de osteopenia u osteoporosis.

También aumenta el riesgo de litiasis renal, es decir, la formación de cálculos renales.

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